MicroRelatos de terror con Gerard M. Luckson.

Miércoles de recomendación.

MicroRelatos de Terror perturbadoramente elegantes.

Se puede ser más Punk?

Gerard genera eso, en su justa medida.  Eso. No necesita ni mas ni menos. Eso te arroja dentro del relato y tu cerebro es capaz de construir el escenario y despertar sensaciones, de despertar eso.

En una selva de intentos de impacto, de oportunismo literario facilón, de mucha sexualizacion y mentes apagadas, hay luz (o sombra) al final del túnel. Está eso que muchos intentan y casi ninguno logra.

Su comunicación visual, su estética directa, oscura, me fascina como estrategia en Instagram y lograr eso no es tarea fácil.

instagram.com/gerardmluckson

Nos ha regalado un relato inédito que no os dejará indiferentes.

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La desdicha.

Aunque no podemos ver la mala suerte, muchos afirman que existe y que algunas veces se encapricha de nosotros y nos persigue como un voraz depredador sigue el rastro de su presa
malherida que se desangra huyendo a través de un espeso y oscuro bosque. Y en realidad es posible que así sea.

Cerca del rio, donde el agua se estancaba bajo un viejo molino de madera,
vivía una solitaria mujer, delgada como las ramas de los sauces y pálida y amarga como las
almendras. Aquella mujer me hablaba de esas cosas de las que nadie habla. Yo era solo un niño,
con pensamientos de niño, pero su voz, áspera y grave, me atrapaba, y sus palabras me alejaban
de mis inofensivos pensamientos infantiles.
Los ángeles existen, los he visto, me decía. Son bondadosos y gentiles, nos escuchan y nos
guían. Pero bajo el resplandor de su inmaculada túnica se esconden despiadados depredadores,
criaturas espantosas que enloquecen al oler nuestras heridas; nuestras heridas emocionales:
nuestra tristeza, nuestra ira, nuestra envidia… ¿Entiendes lo que quiero decir? Me gritaba. Y yo
salía corriendo hacia mi casa, asustado, temiendo que esas criaturas olfatearan mis sentimientos
y me dieran caza. ¡No desees nada, no reces, no se te ocurra orar si tu corazón está herido!,
Gritaba mientras yo me alejaba. ¡O sufrirás la peor de las desdichas!

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